Bienvenido a Betsalem

La Fundación Betsalem desde sus inicios, ha albergado alrededor de 150 niños que han encontrado en esta casa más que una institución, un hogar, mama, papa y una familia que se ayuda mutuamente.

Nuestra historia

Amigos queremos compartir con ustedes esta hermosa historia con la esperanza de que les inspire a ayudar a otros y ser agentes de cambio.

Edgar Garzón nació en Bogotá en 1968. De escasos recursos, su madre lo abandono cuando apenas tenía seis meses de edad, y fueron su padre y abuela, quienes cuidaron de él hasta que al cumplir cinco años, nuevamente vivió el abandono esta vez de su papá, quien dejo la casa de manera definitiva dejándolo en manos de la abuela quien era ya una persona mayor y enferma. Ella, una mujer de avanzada edad no pudo hacerse cargo de él como correspondía ni cuidarlo adecuadamente, razón por la cual el joven Edgar desde los 12 años, sin familia ni recursos, comenzó a consumir drogas en la calle como único camino de salida a su triste y desesperada situación. Esto lo llevo a conocer la cara más dolorosa y cruda del mundo convirtiéndolo en un delincuente juvenil por mucho tiempo.

Misión

La Asociación Betsalem existe para apoyar activamente el sistema nacional de protección de la niñez en alto riesgo, brindando una «Casa Hogar» donde la formación, la normatividad y la relación con Dios, los integre en la sociedad como ciudadanos de bien.

Visión

Para el año 2020 la Asociación Cristiana Betsalem será reconocida como una organización social, idónea y humana, consagrada a la infancia en alto riesgo, obteniendo buenos resultados a través del trabajo realizado con pasión y amor.

Ayudanos a ayudar

En Betsalem buscamos corazones generosos que quieran aportar para el mantenimiento del hogar, la educación, ropa y medicinas para los niños. Estamos decididos a darle al hogar lo necesario para que las fallas que aún persisten en cuanto a sus instalaciones, equipos, y condiciones generales, se puedan solucionar de manera definitiva y así garantizar el definitivo desarrollo de los niños que conforman esta familia.

*Aporta con lo que puedas a través de los pagos seguros de ePayco. Se aceptan tarjetas de crédito, pago PSE y otros. Lo valoramos de corazón.

Otras formas de ayudar

Banco Davivienda
Asociación Betsalem
Cuenta de Ahorros 005800204371

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Nuestra historia

Amigos queremos compartir con ustedes esta hermosa historia con la esperanza de que les inspire a ayudar a otros y ser agentes de cambio.

Edgar Garzón nació en Bogotá en 1968. De escasos recursos, su madre lo abandono cuando apenas tenía seis meses de edad, y fueron su padre y abuela, quienes cuidaron de él hasta que al cumplir cinco años, nuevamente vivió el abandono esta vez de su papá, quien dejo la casa de manera definitiva dejándolo en manos de la abuela quien era ya una persona mayor y enferma. Ella, una mujer de avanzada edad no pudo hacerse cargo de él como correspondía ni cuidarlo adecuadamente, razón por la cual el joven Edgar desde los 12 años, sin familia ni recursos, comenzó a consumir drogas en la calle como único camino de salida a su triste y desesperada situación. Esto lo llevo a conocer la cara más dolorosa y cruda del mundo convirtiéndolo en un delincuente juvenil por mucho tiempo.

Durante 17 años vivió en este mundo de drogas, y en el trascurso de este tiempo conoció a la mujer de la que se enamoró, su actual esposa y compañera de ideales y sueños, Laudice Maldonado quien muy joven, se unió a Edgar para formar un hogar y darse cuenta muy rápidamente que el dolor de compartir la vida con una persona adicta y violenta sería una tarea casi imposible de sobrellevar. A pesar de este cuadro disfuncional y dramático, nacieron dos hermosas hijas.

Un día realmente milagroso, cuya fecha nadie recuerda con exactitud, conocieron de la Palabra de Dios y el gran amor que recibieron a través del mensaje que les compartieron, sirvió para que el vacío y el dolor que existía en ellos, en el hogar, en esa esposa e hijas, se transformara en el motor de la Fundación que hoy es Betsalem. Y el milagro que se gestó a través de la fe adquirida, de la Palabra escrita, del amor y el perdón, causo en ellos un cambio extraordinario y maravilloso. Este milagro fue lo que logró restaurarlos como familia, y la transformación espiritual y emocional que rescató a Edgar de las adicciones, lo convirtió en un hombre nuevo, en un ser humano motivo de orgullo de sus hijas, el soporte de su esposa, el esposo y padre no solo de los suyos, sino de todos los niños y jóvenes

que han pasado por la Fundación. Este milagro de una nueva vida, fue lo que los impulsó a tomar la decisión de servir a la sociedad y de alguna manera enseñar y entregar la esperanza de una mejor vida a los más vulnerables.

Con una nueva visión de ellos mismos y del entorno social al cual había pertenecido, Edgar y su esposa deciden visitar el sector denominado “La calle del Cartucho” en Bogotá, lugar ubicado en una zona céntrica de la ciudad, que por décadas, albergó la más baja esfera de la sociedad, como la indigencia, la delincuencia, la prostitución y drogadicción.

Allí hicieron un descubrimiento doloroso, pues encontraron que convivían allí adultos adictos, enfermos de toda suerte de locuras, con un importante número de niños, quienes como Edgar, eran objeto de maltrato, desnutrición, y de convertirse muy rápidamente en adictos, tal como alguna vez, el mismo había vivido en carne propia. Niños que aunque tenían a sus padres cerca, estaban completamente desprotegidos, fuera de control y ese entorno representaba el mayor peligro para ellos.

Fue aquí en este lugar, que Edgar descubrió su llamado para el resto de sus días: ayudar a niños vulnerables y en alto riesgo, mediante la constitución de un sueño, casi inalcanzable, que compartía con su esposa, visión que con el pasar de los días se empezó a vislumbrar y que se gestó mediante una fundación que le permitiera reunir a los niños y jóvenes en lo que comenzó como un hogar de paso, donde pudieran ofrecer la seguridad que de momento estos niños no tenían.

“Si ayudas a un adulto salvas media vida. Si ayudas a un niño, salvas una vida entera” Junto a su esposa Laudice, iniciaron esta hermosa labor, constituyendo la Fundación Betsalem.

Lo primero era hallar un lugar en el cual establecer un hogar para los niños rescatados. Recibieron como préstamo, de un corazón generoso, una casa-lote en Bosa, Cundinamarca, quien les dio la oportunidad de vivir por nueve meses con más dificultades que facilidades. Edgar mismo hizo los primeros camarotes con sus pocos recursos, y los fabricó en madera. En alguna época de su vida, había aprendido el oficio de la carpintería y este era el momento de usar sus conocimientos para construir las primeras camas que albergarían a los protagonistas de esta historia. Y aunque esos primeros camarotes quedaron construidos de forma un poco rustica y algo torcidos, ya que daban la sensación que se caerían en cualquier

momento, representaban el primer paso de un hogar estable y seguro para aquella primera generación de chicos que crecerían al lado de los nuevos padres.
Poco a poco fueron creciendo y logrando el apoyo de personas generosas, hasta lograr reunir los recursos con los cuales adquirir una casa de tres pisos en el barrio Prado Veraniego, al noroccidente de la ciudad, a la que le hacían falta muchas cosas, pero que se levanto como el primer y definitivo hogar de todos los que de ahí en adelante recibirían los beneficios que ofrece hoy Betsalem.

Si narráramos las historias que se han vivido en la historia de esta titánica tarea, se necesitaría mucha tinta. La Fundación Betsalem desde sus inicios, ha albergado alrededor de 150 niños que han encontrado en esta casa más que una institución, un hogar, mama, papa y una familia que se ayuda mutuamente.

A la fecha, viven 20 niños en el hogar de forma permanente, Asiste también un número variable de niños que vienen a comer a diario, algunos de los cuales conviven con sus padres todavía, pero que por falta de recursos encuentran en Betsalem el alimento diario. Son muchos jóvenes restaurados de las drogas los que llegan con frecuencia buscando apoyo económico para libros y útiles escolares, o requerimientos escolares puntuales.

Lo que está por venir es maravillo pues el anhelo es ayudar a muchos más niños que por diferentes circunstancias no tienen otra opción y queremos ser una REAL Y VERDADERA opción de vida para ellos y sobre todo un mejor futuro.

En Betsalem buscamos corazones generosos que quieran aportar para el mantenimiento del hogar, la educación, ropa y medicinas para los niños. Estamos decididos a darle al hogar lo necesario para que las fallas que aún persisten en cuanto a sus instalaciones, equipos, y condiciones generales, se puedan solucionar de manera definitiva y así garantizar el definitivo desarrollo de los niños que conforman esta familia.

Si desea aportar a esta tarea las donaciones se consignan en:

Banco Davivienda
Asociación Betsalem.
Cuenta de Ahorros 005800204371